27 abr. 2011

Cine Argentino: "El Mural", del director Héctor Olivera

Una historia extraordinaria, llena de ruido, de deseo y de furia “El Mural”, una película de Héctor Olivera, protagonizada por Luis Machin, Carla Peterson, Ana Celentano y Bruno Bichir, es la propuesta que el Departamento de Cine y Audiovisuales perteneciente al Instituto de Cultura de Corrientes, proyectará en el teatro Vera, el Martes 26 de abril a las 21:30, dentro del Ciclo de Cine Nacional, con entrada gratuita.

Un fragmento de la más jugosa década argentina, donde se entrecruza la opípara burguesía porteña con los ideales políticos de mayor seducción de la época. Una familia acaudalada propietaria de un medio gráfico que inclina la balanza a favor de las ideas más controvertidas y que tangencialmente, al decir del historiador Vezetti, también fuera responsable de la difusión y entrada del psicoanálisis en la Argentina. El Diario “La Crítica”, que en su momento sacara una de las propuestas más curiosas, la interpretación de los sueños de los lectores, que desde la columna de “el diván del psicoanalista”, fuera artífice de esa impronta tan porteña como es la influencia del psicoanálisis en su gente.

La familia Botana, recibía por ese entonces, a la más variada y a la vez selecta elite aristocrática, mezclada con importantes figuras artísticas internacionales que llevaban adelante el compromiso de vivir y dar a conocer a través de su arte, otro modo de ser, de pensar y vivir, el comunismo… ¿Incompatibles? …

Un pedazo de nuestra historia, en medio de hechos reales, con personajes de carne y hueso que la construyeron como pudieron. David Alfaro Siqueiros, para ese entonces ya un reconocido muralista mexicano, soñaba con pintar un gran mural sobre “la revolución”, en los silos del puerto de Buenos Aires, pero la marcada resistencia que encontró en la autoridades porteñas debió encontrar consuelo en el sótano de la mansión de Natalio Botana, donde pintó una obra maestra. Su esposa, la uruguaya Blanca Luz Brum lo engañaba con el dueño de casa mientras el plástico volcaba su total talento en la realización de la obra. Una mujer que manejaba con destreza el arte de la seducción y que no escatimaba oportunidades de dejarse cortejar por el mismísimo Pablo Neruda.



Salvadora Medina Onrubia de Botana, consciente de los acontecimientos que acaecían en su mansión y presa de los celos, lleva a la familia a vivir una espantosa tragedia, todo esto enmarcado en una fascinante Buenos Aires de los años ´30, cuando se la llamaba por ese entonces “La París de sud América”.

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